Amor a nuestros semejantes, amor a nuestros padres y antepasados, amor a Pachamama, principio femenino material y a Wiracocha, el principio masculino, las energías del Universo.

Así como la vida resulta de la cópula amorosa entre energía y materia, Wiracocha y Pachamama, el amor en el Kay Pacha, aquí y ahora, se demuestra cocinando con respeto, ya que la alimentación es el acto de prolongar la vida.

Cocinar es la alquimia en el acto mágico de regenerar la vitalidad con manjares plenos de su valor natural.

                      

¿Qué evitamos?

Aceite, porque contamina el agua, la tierra y nuestro propio templo, el cuerpo.

Glutamato monosódico, que encontramos en cubitos, sopas de sobre, ajinomoto y snacks, fue prohibido en los años 70 acusado de causar cáncer.

Ajo y cebolla, durante siglos empleados como antibióticos y disimuladores de carnes corrompidas, en tierras otrora hermanas entre sí, atacadas por guerra, hambre y peste, hasta olvidar el valor del vivir en paz.

Pimienta y ají matan la sensibilidad de las papilas gustativas e inflaman el hígado.

El ají es la planta urticante para el ritual de la guerra. América se desangraba por luchas fraticidas desde tres siglos antes de la conquista. Durante la guerra desatada por los aztecas en el norte y la invasión inka en el sur, se propagó el uso de ají en las comidas. Irritar el hígado, centro de la cólera, enceguece física y mentalmente, induciendo a matar a los propios hermanos, porque la guerra no es otra cosa.

¿Picante quieres? Rocoto tienes. Fuerte y sabroso, el rocoto elimina parásitos y cura úlceras, en armonioso dúo con otra planta mágica, la muña, que usamos en Sonccollay como antibiótico natural para los turistas que enferman, no por el agua, purísima en las alturas de nuestro Perú, sino por la comida preparada con aceite rancio y una ristra de condimentos venenosos.

TODOS necesitamos respetar la vida. Es criminal envenenar a las personas con hormonas, transgénicos y agroquímicos contenidos en la comida. ¿Cómo llamar a quien mata a su propia madre? Envenenar a la tierra y a las personas es el mismo crimen.

 

¿Qué empleamos?

Sal, hierbas aromáticas… y cariño.

Celebramos que haya varios restaurantes intentando emplear el ingrediente que sólo puede salir del corazón, y es el más importante. Gracias a ellos por mencionar el cariño, en reconocimiento público a nuestra labor.

Las carnes y vegetales producidas en el Perú por las comunidades altoandinas, y las que nos abastecen las tribus que preservan el Paraíso Terrenal, nuestros hermanos de la selva, son por completo naturales. Es lo que usamos en Sonccollay.

En las alturas, en algunos campos de la costa y en la selva, el aire está limpio. El Sol ilumina, genera fotosíntesis y su calor endulza los alimentos y hace brotar los sabores.  El agua de manantiales y deshielos es purísima. El frío seco de la sierra concentra los sabores al cerrar los poros de plantas y animales.

Cuchara de palo y los dedos para comer te llevan al disfrute máximo, sin la sensación inconsciente de peligro al comer con tenedor.

Piedra volcánica, ollas de barro y vajilla de cerámica nos armonizan con Pachamama y Wiracocha..

Ceniza y jabón de pepita de algodón para limpiar ollas, vajilla y las manos, son lo natural.